EL LUGAR IDEAL: ¿EN CASA O INSTITUCIÓN?
Rosalía Rodríguez García
Juan José Morales Virgen
Jaime E. Encinas Reza
Carlos D’Hyver W.Zoila Trujillo de los Santos

La decisión de tratar o atender a una persona de edad avanzada en su hogar o en alguna institución, llámese hospital, casa de día, mediana estancia, larga estancia, residencia o asilo, depende de múltiples factores y de una evaluación exhaustiva individualizada. La institucionalización debe ser considerada como la última alternativa cuando los servicios comunitarios resultan insuficientes. Por lo general, las instituciones para cuidados prolongados deben destinarse a pacientes discapacitados por diversas razones médicas, a aquellos que viven solos, o bien a aquellos cuyos familiares no pueden garantizar su cuidado en el hogar. Hay que considerar que cualquier tratamiento que se aplique, debe permitir conservar el estado funcional que el paciente tenía antes de la enfermedad o problema que se presente. Si bien la residencia para ancianos forma parte del sistema de salud, el modelo hospitalario no puede ser aplicado, ya que ésta se convierte en el propio hogar del anciano, por lo que los derechos de cada residente y la calidad de vida resultan prioritarios.

¿A Quienes?

Debemos considerar que existen factores de riesgo para la institucionalización, muchos de ellos en relación con la propia familia y otros pertenecen al paciente. Se han identificado factores que contribuyen a que los familiares decidan la institucionalización de un anciano, muchos de ellos acompañados de estados demenciales o dependencia; los más frecuentes son el vagabundeo, el comportamiento agresivo hacia algún miembro de la familia o hacia sí mismos, la incontinencia de esfínteres, los trastornos del sueño, el vivir solo en un ambiente peligroso y las enfermedades crónicas invalidantes, entre otros. Asimismo, cabe decir que las limitaciones físicas temporales, debidas a enfermedad cerebrovascular o fractura de cadera, requieren muchas veces tan sólo estancias temporales en la residencia; los candidatos a rehabilitación y que pueden beneficiarse de un programa intensivo (tres horas diarias, en promedio) deben dirigirse mejor a una unidad de rehabilitación, en tanto que aquellos en que no es factible dicho programa, seguramente han de ubicarse en una residencia para ancianos. Por otra parte, las reacciones emocionales de los miembros de la familia y del paciente pueden ser contradictorios y conflictivos, como son la culpa, la ansiedad, la vergüenza, el “qué dirán”, el temor de dejar a su ser querido en manos de otros y hasta la pérdida del papel del cuidador, que por costumbre o tradición recae en general en algún miembro de la familia; por otro lado, están los sentimientos que experimenta el paciente en su integridad emocional, como son el sentirse abandonado, el rencor, el miedo, el enojo, la resignación y el desprendimiento
de su papel social con pérdida de la autoestima. La institucionalización de larga estancia o a largo plazo debe reservarse para personas con gran pérdida de la autonomía, sea física o mental, sin las posibilidades de mantenerse dignamente en su propio hogar, si bien la Organización Mundial de la Salud plantea que debe ser el objetivo principal en geriatría mantener al anciano el mayor tiempo posible en su hogar, con la máxima autonomía potencial y el mayor bienestar deseable.

La institucionalización provoca una serie de sentimientos contradictorios, tanto en la familia como en la persona que ingresa a este tipo de servicios, lo que hace que sea un tema que debe tratarse con mucho tacto y con gran apoyo psicológico tanto al nuevo residente como a la familia.
Es aconsejable valorar previamente las funciones sociales, la dinámica familiar, status socioeconómico, las características del cuidador primario, la educación de los propios familiares y la calidad de la red de apoyo formal, sin olvidar que el anciano debe apreciarse de manera integral, sobre todo con un enfoque de desempeño de la funcionalidad.

Por otro lado, mientras la prevención, identificación y tratamiento de las enfermedades agudas, subagudas y crónicas son muy importantes, las metas en la residencia para ancianos se enfocan a la independencia funcional, la autonomía, la calidad de vida, el bienestar y la dignidad de los ancianos; dichas metas difieren de otros ámbitos clínicos y conviene tenerlas presente desde el momento mismo del ingreso.

¿Por qué?

La decisión de institucionalizar a una persona dependerá básicamente de varios aspectos: Incapacidad de la familia para atender adecuadamente las necesidades del anciano.

Esta dificultad puede deberse a aspectos económicos en donde el estado, a través de sus instituciones, toma a cargo la responsabilidad de la atención, obligando a la familia y al paciente a permanecer en una clínica, hospital o centro de salud, en donde no tienen posibilidad de elegir el tipo y la calidad de atención.

Cuando no hay el tiempo requerido para la atención del paciente o del anciano, ya que el tiempo libre no concuerda con los requerimientos de atención o cuidado para mantener el estada funcional de la persona afectada (horarios de trabajo, responsabilidades con los hijos, con la pareja, etc.).

La educación en la actualidad se contrapone con la tradición cultural de mantener y atender al anciano en la casa, bajo cualquier circunstancia; sin embargo, no existe la capacidad de dar la atención adecuada en casa, provocando fracasos con riesgo de inducir un estado de fragilidad o síndrome de deslizamiento.

Los problemas de comunicación intergeneracional, donde hay diferencias etnolingüísticas, que limitan la comprensión y los lineamientos terapéuticos establecidos por los profesionales de la salud.

Ruptura familiar

Los problemas encubiertos y la pérdida de armonía familiar que conllevan a la ruptura de la dinámica familiar originan el fracaso en la atención domiciliaria y el riesgo de maltrato o abuso del anciano, en donde es preferible la institucionalización. Se presentan casos en donde el padre abandonó a la familia en una etapa de expansión, que sin embargo en el momento de requerir atención pretende ser reintegrado a la dinámica familiar, cuando ésta ya se encuentra en un equilibrio funcional, lo que provoca un caos, con sentimientos controvertidos que originan una crisis, y la única posibilidad de reinstalar la armonía es la institucionalización.

Autodecisión

Es el momento en que la persona por sus condiciones físicas, psíquicas y socioculturales decide institucionalizarse por ella misma y no poner en riesgo de crisis a la familia o a su en-torno inmediato en caso de no haber familia. Generalmente, estas personas acuden a las residencias, a las casas-hogar y no al hospital.